Es una tarde cualquiera, los transeúntes caminan anestesiados de un lado para otro, enfrascados en sus pensamientos, en su consumismo ansioso, en su prisa. El ruido del gentío se mezcla con el de los coches acelerando aún más la escena. De pronto cuatro hombres trajeados se detienen en mitad de la calle y de manera casi ritual van desenfundando sus violines, convirtiéndose en una orquesta improvisada. Ponen resina a su arco y afinan los instrumentos con dedicación y maestría mientras la vorágine continúa a su alrededor. Tras un gesto de complicidad comienzan a tocar con absoluta profesionalidad, ofreciendo una interpretación llena de matices y sensibilidad. Después de unos minutos, una chica se para a escuchar, hipnotizada. Poco a poco el efecto contagia a los preocupados peatones, que van deteniéndose en torno a la banda. En poco tiempo se ha formado un grupo considerable alrededor de los músicos, pero ya nadie tiene prisa, nadie habla, nadie piensa, sólo escuchan absortos, dejándose llevar por la melodía. Una mujer sonríe y le dice a la chica: “esto cura el alma, ¿verdad?”.
Periodico de buenas noticias, en las que se admiten reporter@s, que sólo serán remunerados con una sonrisa.
viernes, 29 de abril de 2011
Párate a escuchar ; por Alejandra García
Cada vez son más los encuentros musicales inesperados que se cuelan en nuestro día a día, artistas anónimos que nos sacan una sonrisa, nos sorprenden y animan. Son personas que se ganan la vida “pasando la gorra” por unas pocas monedas a cambio de unos minutos de arte. El pasado martes, en la madrileña calle de Preciados, se ha podido observar el increíble efecto que provocan en las personas algunos de estos espectáculos espontáneos.
Es una tarde cualquiera, los transeúntes caminan anestesiados de un lado para otro, enfrascados en sus pensamientos, en su consumismo ansioso, en su prisa. El ruido del gentío se mezcla con el de los coches acelerando aún más la escena. De pronto cuatro hombres trajeados se detienen en mitad de la calle y de manera casi ritual van desenfundando sus violines, convirtiéndose en una orquesta improvisada. Ponen resina a su arco y afinan los instrumentos con dedicación y maestría mientras la vorágine continúa a su alrededor. Tras un gesto de complicidad comienzan a tocar con absoluta profesionalidad, ofreciendo una interpretación llena de matices y sensibilidad. Después de unos minutos, una chica se para a escuchar, hipnotizada. Poco a poco el efecto contagia a los preocupados peatones, que van deteniéndose en torno a la banda. En poco tiempo se ha formado un grupo considerable alrededor de los músicos, pero ya nadie tiene prisa, nadie habla, nadie piensa, sólo escuchan absortos, dejándose llevar por la melodía. Una mujer sonríe y le dice a la chica: “esto cura el alma, ¿verdad?”.
Es una tarde cualquiera, los transeúntes caminan anestesiados de un lado para otro, enfrascados en sus pensamientos, en su consumismo ansioso, en su prisa. El ruido del gentío se mezcla con el de los coches acelerando aún más la escena. De pronto cuatro hombres trajeados se detienen en mitad de la calle y de manera casi ritual van desenfundando sus violines, convirtiéndose en una orquesta improvisada. Ponen resina a su arco y afinan los instrumentos con dedicación y maestría mientras la vorágine continúa a su alrededor. Tras un gesto de complicidad comienzan a tocar con absoluta profesionalidad, ofreciendo una interpretación llena de matices y sensibilidad. Después de unos minutos, una chica se para a escuchar, hipnotizada. Poco a poco el efecto contagia a los preocupados peatones, que van deteniéndose en torno a la banda. En poco tiempo se ha formado un grupo considerable alrededor de los músicos, pero ya nadie tiene prisa, nadie habla, nadie piensa, sólo escuchan absortos, dejándose llevar por la melodía. Una mujer sonríe y le dice a la chica: “esto cura el alma, ¿verdad?”.
martes, 19 de abril de 2011
Dos personas logran entenderse con palabras
Dos personas estaban hablando a través de un chat, y aunque la intención de ambos era mantener una conversación, ya se sabe que es difícil que dos desconocidos logren congeniar.
Según estudios para que dos personas se entiendan, tienen que hablar en una misma consonancia de sentimientos y ambos desear lo mismo, además se debe dar la intención de ambos de querer entenderse y poner todo el ser en ello.
Esta noche se ha dado, de manera espontanea, dos personas han llegado a un grado de complicidad elevado, en el que cada uno a abierto su corazón, sin pretensiones de seducción, ni de conquista, simplemente la pretensión de entenderse.
Han llegado a entenderse, y su conversación a terminado con una despedida sincera en la cada uno se alegró de la conversación y se han deseado buenas noches.
Según estudios para que dos personas se entiendan, tienen que hablar en una misma consonancia de sentimientos y ambos desear lo mismo, además se debe dar la intención de ambos de querer entenderse y poner todo el ser en ello.
Esta noche se ha dado, de manera espontanea, dos personas han llegado a un grado de complicidad elevado, en el que cada uno a abierto su corazón, sin pretensiones de seducción, ni de conquista, simplemente la pretensión de entenderse.
Han llegado a entenderse, y su conversación a terminado con una despedida sincera en la cada uno se alegró de la conversación y se han deseado buenas noches.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)